Para Edurne

Cada vez que llegaba al Centro para empezar el retiro,

recibía tu cálida bienvenida, y me sentía amorosamente acogida.

Hoy, he llegado y no estabas. Ya no estabas, Edurne.

Pero en la meditación, en el pliegue de un destello de luz,

sentí tu presencia, cálida, como siempre.

Y supe que sigues acompañándonos, acogiéndonos, ahora desde esa

 otra dimensión donde están los seres que ya han despertado.

Inés